lunes 22 de marzo de 2010

editorial

En la mayoría de sus filmes, el director Kim Ki-Duk apuesta por la pre-esencia a través de la ausencia, proyectando una relación metafísica con el vacío (plagado de significados) y el soporte físico (orientado en la falta de materia). Así, en este juego de la contemporaneidad, la apuesta de Broca perfila la paradoja de la red como un estadio de presencia y vacío, causado por la cantidad de bytes (des)informativos que por ella circulan.

Una renovación va más allá del mero cambio de apariencia, también busca proyectar y atraer conceptos que apuntalen la apuesta de taladrar los gustos normativos. A partir de esta entrega, Broca estrecha lazos con Opera Mundi y Ciudad Cultura, intercambiando contenidos para difundir las inquietudes de uno y otro proyecto, con la seguridad que el nuevo lector encontrará en dicha relación formas distintas de lectura.

Queda pues Broca, con nuevos contenidos, nuevas apuestas y con el compromiso de seguir ofreciendo algo más, en presencia o ausencia.

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lunes 1 de febrero de 2010

A la Inquisición le falta sentido del humor

imagen de abschied

por Guillermo Carrera

Nicolás Fernández de Moratín, nacido allá en el 1737 (sí hombre, es el padre del otro Moratín, el tal Leandro). Sus condiscípulos eran Cadalso, Iriarte, García de la Huerta, Jovellanos y todos ellos aparentemente pertenecían a una secta (llamase corriente literaria, reunión de amigos, círculo de discusión filosófica) cuyo nombre era los Acalófilos –amantes de lo feo– que siendo tan rectos y limpios intelectuales se asumieron putañeros. Caray, siempre a los eruditos les ha gustado beber parte de la llamada cultura popular y sobre todo una figura especial que no es ni la muerte, ni la luna, ni los fantasmas, ni el misterio no resulto de la percepción, ni payasadas así: las putas, sí las putas.

Al parecer, esos españoles del siglo XVIII eran más divertidos que los actuales. Ahora se toman la vida muy en serio y lo peor de todo es que nos las transmitieron cuando nos conquistaron. Me hubiera gustado tener un tío que me enseñara el arte de las putas y más aún que me indicara los lugares de dónde podría tener mejor sexo. Y es que, Don Nicolás Fernández de Moratín se dedicó a propagar con su poema (más de 1995 versos, dividido en cuatro cantos: el primero de ellos consta de 617 versos, el segundo de 412 versos, el tercer canto de 491 versos y el último de 475, súmele lector) las delicias y fortunas de las mujeres que nos darán gusto y placer a más no poder. Sabios consejos del poeta: hacer uso de las esposas y las hijas de los trabajadores de las casas porque están solas o mejor aún, hacer uso de las campesinas cuyos escotes provocan la imaginación y lo que es mejor: ellas lo desean. Todo el poema está dedicado a los jóvenes perdidos invocando a Dorisa, a los placeres en los hombres de cualquier edad. Pero, sarcástico el poeta, también nos habla del puterío pobre por parte de la clientela y de las mismas prestadoras del servicio. Todas las putas de Madrid están en el poema cual turista que deseé conocerlas, basta con leer a Moratín padre. Y el poeta sigue sorprendiendo: da pelos y señas de las putas que mejor hacen su trabajo, tanto las pobres como las de alto copete pero, no todo es para la felicidad de los hombres. Este Fernández Moratín señala en su poema a esos hombres que salen de su casa para que su mujer pueda recibir a los señores: ¿cornudos consentidores? Don Moratín, sabías palabras al mencionar a Urbina y Juan de Dios como los médicos que salvarán el honor de alguna enfermedad venérea y después de todo este recorrido nos da consejos para el experto como para el principiante: hacer lo mejor que se pueda.

Quizá lo anterior fue la causa de que la Santa Inquisición prohibiera tal libraco: no porque estuviera escrito en endecasílabos ni tuviera un trabajo metafórico excelente, ni mucho menos que el poema es un excelente ejemplo de la nueva poesía a escribirse en este siglo XXI. Esa señora Inquisición le faltaba sentido del humor.